Con gasolina

Recuerdo desde el olor del Uber que me llevó al parque. Que llevaba el pelo Afro y mi blusa estelar. Recuerdo que fumabas un cigarrillo en la parte alta del banco en el que se suponía que me encontrarías. También recuerdo que hablamos poco. La conversación la hicieron nuestras miradas y sonrisas como si nuestros ojos y bocas ya supieran que las mariposas en nuestros estomagos se las comerían los ciempiés y que los ciempiés se matan con gasolina. 

Bebí hasta quedar borracha buscando deshacerme de la sensación de tenerte dentro de mí haciendome cosquillas. Y tomé y tomé y no paré hasta que ya no sentí nada y a esto, por un tiempo, le llamé Paz.

La anestesia, ahora sin efecto, descubrió que, siguiendo su instinto y como cualquier ser vivo, los ciempiés pelearon por sobrevivir. Ya no corrían, pero aun hormigueaba al menor movimiento de sus metámeros. No recuerdo quien fue que dijo que la paz se conserva con guerra, algún politico americano sin duda. Antes tus ojotes incredulos encendí un fósforo y me lo tragué.


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