40 Papas

Momo estiró sus piernitas tanto como pudo al llegar al supermercado, tirando de mi brazo. Yo estoy segura, que en su cerebrito de 3 y medio el cree que el super es una gran despensa que mami y papi encubren.

Mi consternación es que para llegar hasta el pasillo de las verduras tenemos que pasar las frituras, jugos, dulces, galletas... todo planeado, me imagino. Yo haría lo mismo si fuera dueña de tienda. Pero en nuestro esfuerzo de educar al Momo para que sepa de adulto que las cosas tienen valor, le hacemos escoger sólo un antojo.

Llora, sin lágrimas el muy pelmazo. Patea el suelo como si quisiera provocar un terremoto. Quiere soltar mi mano y volver por más galletas y yo la sujeto fuerte, hasta que me doy cuenta de que le hago daño.

De que le estoy negando algo que le hace feliz, y es muy confuso para él.

Así que me detengo. Le abrazo pero me rechaza, le hablo y mis palabras se diluyen como veneno en el té. Su papá carga hacia él, y yo sé, que yo he sido Momo antes, sé lo que necesita. Sustituir las cosas que ama por más cosas que ama, no golpes. Lo protejo, estamos todos cansados, queremos llegar a casa y esas galletas tentadoras, ay Momo! debería poder ser que te las compremos todas, pero yo quiero que seas un adulto equilibrado.

Así que me agacho hasta su altura y le pido que me ayude a contar papas. Sabe contar hasta 40 en dos idiomas mi pequeño Atila. Su vocesita cambia, se vuelve dulce. Su cerebrito se concentra en los números, las papas, y me lo imagino, "qué divertido está esto, mami!" Su papá se relaja, va por huevos? Momo y yo estamos en la burbuja de amor, contando papas hasta el 40.

Ah, pero, nada es perfecto, y a parte de salir por el almacén, no hay otra forma de salir del supermercado si no pasando mil antojos más. Y esta vez peor, parados en la caja, esperando nuestro turno, la gran despensa que mami y papi esconden está al descubierto. No para de patalear hasta que llega a casa donde le ofrezco un caramelo de fresa **strawberry* -Fresa- Strawberryyyyy.

Muñequito le palmea la cabeza desordenandole los cabellos y le dice en español que tiene suerte de tener una madre que lo ame tanto. La suerte es mía, y el honor es mío. 

Yo sé que no vas a recordar esto, pero yo lo guardaré en corazón para siempre. Quizás no llegue a verte de adulto. Ojalá lo que te he enseñado y el amor que compartimos te sirva de algo en este mundo tan frío.


2 comentarios:

Bru dijo...

Post desde ojos de madres, la verdad no se cual es la solución para que un niño no haga berrinches, tampoco es que se pueda andar a los golpes la verdad. Saludos!

crudiveganeando dijo...

cuánto amor a un hijo, ojalá yo tenga uno algún día y pueda verlo así.